La trampa del algoritmo: cuando el odio alimenta la viralidad.
¿Alguna vez has visto un video que te parece absurdo, ofensivo o directamente dañino, y al mirar los comentarios descubres que TODOS están criticándolo? Y sin embargo, el video sigue ahí, en tu feed, con millones de visualizaciones, y cada vez se vuelve más viral. ¿Por qué?
Porque las plataformas han eliminado el botón de dislike (o lo han enterrado en un lugar donde no sirve para nada). Y en su sabiduría infinita, el algoritmo ha decidido que interacción = éxito, sin importar si esa interacción es positiva o negativa.
Aquí está la paradoja:
- No podemos dar un "no me gusta" que realmente afecte la visibilidad del contenido.
- Si ignoramos, el algoritmo asume que no nos importa y se lo muestra a más personas que quizás sí caerán en la trampa.
- Si comentamos para criticar, para advertir o para expresar nuestro rechazo, el algoritmo lo celebra como "¡Mira, este video genera mucha conversación!" y lo impulsa aún más.
Estamos atrapados en un bucle perverso: la única forma de manifestar nuestro desacuerdo es interactuar, pero al interactuar, estamos alimentando exactamente lo que queremos frenar. El algoritmo no entiende de ética, de verdad o de calidad; solo entiende de números. Y los números dicen: "esto genera engagement, así que es bueno".
El resultado es que se normaliza lo anormal. Contenido que debería ser sepultado por el rechazo social se convierte en tendencia porque el sistema está diseñado para premiar el ruido, no el criterio.
Las redes ya no son un espejo de la sociedad; son una máquina de amplificar el conflicto, porque el conflicto da clics, y los clics dan dinero. La salud mental, la verdad y el bien común son secundarios frente a la necesidad de retener nuestra atención cueste lo que cueste.
¿La solución? No es fácil, porque el sistema está hecho para que perdamos. Pero podemos empezar por:
- No darles el gusto a esos contenidos: si es realmente dañino, a veces el mejor clic es no dar clic.
- Exigir a las plataformas que recuperen herramientas de rechazo efectivas y transparentes.
- Apoyar a creadores que sí aportan valor, compartiendo y comentando sus contenidos de forma constructiva.
Pero mientras tanto, la pregunta sigue en el aire: ¿Hasta cuándo vamos a permitir que un algoritmo decida lo que es "bueno" para nosotros?